De pequeño fui un buen estudiante y un hijo ejemplar, fue una etapa idílica en la que me encantaba estudiar, estar en casa con mis padres y jugar al fútbol con el equipo del barrio todos los fines de semana.
Era la paloma blanca de mi familia, la promesa.
Mis profesores le habían dicho a papá que el nene podía llegar lejos si se lo proponía y no se torcía.
Pero se torció y mucho.
Mi entrada al instituto me aceleró las neuronas y empecé a confundir las letras con los números y los libros con los discos de Jimmy Hendrix , fue maravilloso.
Esta tira de descubrimientos me hizo dejar los estudios y apartarme del buen camino.
Pero el cambio no fue muy bien aceptado por mis padres, ni por mis abuelos, ni por mis tíos.
Yo era la promesa de la familia, lo que otros no pudieron llegar a ser, estaba encarnado en mi.
Un día alguien que me quería muchísimo me dijo, ” Has pasado de paloma blanca a oveja negra “.
Para apuntalar mas la frase me dijo que nunca llegaría a ser nadie y aquellas palabras entraron dentro de mi como una estaca.
Yo entonces pensaba, tal como me habían enseñado, que en la vida solo había dos puertas.
Si entrabas por una, te convertirías en alguien y si entrabas por la otra no serias nadie.
Con ese principio vital estuve luchando mucho tiempo.
Yo quería ser alguien pero con mis sueños y con mis pasiones y ademas tenia que demostrárselo a los que tenían que saberlo. Con esa carga empezó mi largo y tortuoso camino hacia ninguna parte.
Lo mas curioso es que no recuerdo exactamente que era ser alguien, no lo tenia muy claro en mi cabeza.
Anduve mucho tiempo, quizás demasiado,  como un pollo sin cabeza desesperado por ser alguien.
Esa lucha, esa creencia, se convirtió en la batalla mas importante a ganar  en mis tormentas interiores, era una obsesión enfermiza aunque no supiera como resolverla.
Era como una esquirla clavada en mi mente.
Hasta que de tanto luchar y sangrar, mi propia obsesión incansable y enfermiza barrió y quemó todos mis esfuerzos y mis deseos para convertirlos en cenizas y esparcirlos a los cuatro vientos por si alguien no se había enterado.
El fracaso y el desahucio llegó a mi vida, mi peor pesadilla se hacia realidad para enseñarme algo que debía aprender para quizás mostrarlo a otros que andaban de puntillas por la cuerda floja de sus vidas.
Acabe muy lejos de mi, y así lo sentía.
Estaba tan desconectado y confundido que apenas me di cuenta de que estaba desnudo y manchado con el lodo de la impotencia y la desesperación.
Una vida se puede contar de muchas maneras pero si tuviera que explicar como surgió la semilla y se produjo el cambio no seria capaz de explicarlo.
Pero cuando pisé el barro quemado del infierno y respiré el aire abrasador del fracaso, sentí que había alguien dentro de mi, sentí que no estaba solo y que no lo había estado nunca, que siempre había sido alguien
Fue como un ciego cuando ve por primera vez.
Después de mi rendición y de mi búsqueda, empezó a correr y a brotar vida y savia nueva por mis venas.
Comprendí que pasara lo que pasara era ALGUIEN con mis defectos y con mis virtudes, deje de estorbarme a mi mismo y me acepté.
Desde ese reconocimiento interior y desde ese perdón, sin ya pretenderlo comencé a crecer y a hacerme mas y mas grande.
Han pasado ya unos cuantos años y algunas noches, en mis sueños veo como la bella paloma blanca descansa encima del lomo de la vieja oveja negra en aquella pradera donde jugaba cuando era un niño, con mi familia en esos días interminables de verano eterno y dulce.

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