Ahora que ya pasé los cincuenta, permitidme que os diga algunas cosas que hace unos años no me hubiera atrevido.
Hay muchas cosas que de pronto han dejado de ser importantes y no me pregunteis el porque.
Me pasé mucho tiempo imaginando cosas que no llegaban nunca a ocurrir, solo acontecían en mi mente.
La vida transcurría en un escenario distinto al que yo había inventado en donde colocaba mis sueños y mis proyectos.
Eran dos escenarios paralelos con los mismos actores pero representando dos obras y dos tramas muy distintas.
En uno no llegaba a ocurrir aquello en lo que más empeño ponía y en el otro pasaba lo que menos deseaba.
Finalmente me di cuenta de que no hay que decir, ni hablar, ni aparentar nada porque nuestros actos y nuestras caídas hablan por si mismos y representan mejor que nosotros nuestra película, la verdadera. Aqui perdi mucho tiempo y sufrí demasiado tratando de justificarme cuando no había nada que explicar, sencillamente porque era mi vida y no tenía porque dar cuentas a nadie.

He llorado pero también he reido mucho y aunque muchas veces crucé la frontera de mis propios límites no me arrepiento de nada ya que en la frontera de esa pequeña inmensidad aprendí a conocerme y a perdonarme. Solo entendí a la vida, sintiendo su palpitar debajo de esta piel quemada y arañada por los espinos de esas vallas que separan el bien del mal.
Y ahora que hace tiempo que pasé de los cincuenta y despues de tanto buscar he entendido que dentro de nosotros hay algo inexplicable e incomprensible y eso, somos nosotros,un amasijo de contradicciones y deseos ahogados sin sentido….por eso y algunas cosillas mas, por mucho que busco no acabo de entender casi nada. Realmente me siento un ignorante que sabe un poco de lo que huye pero no sabe casi nada de lo que busca y que gracias a esta sincera y tenue luz estoy descubriendo algunos grandes detalles de la vida que antes se me escapaban por la maldita impaciencia de querer volar sin aprender antes a caminar.
Y aunque he visto claramente que el miedo espanta lo mejor de nosotros, pues todo lo divino y brillante que tenemos puede sucumbir ante el destello de una duda tambien he sentido en mi corazón como un te quiero, una simple mirada o una ingenua sonrisa pueden subirnos al cielo en un instante y cambiarlo todo, tal y como suena.

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